domingo, 25 de octubre de 2020

El camino que me condujo a la docencia

Desde pequeña me he sentido atraída por la enseñanza, sobre todo por el ambiente en el que me han educado, pues mis padres son maestros de primaria y mis dos hermanos están estudiando para ser profesores de secundaria. Asimismo, en el colegio tuve a una profesora de lengua castellana y valenciana a la que admiraba por sus clases tan dinámicas y su seguridad a la hora de explicar los contenidos.

          No obstante, mis ganas de ser docente se desvanecieron en el instituto, pues los profesores acababan sin energías al ver que sus alumnos no les hacían caso y suspendían. Pensé, por tanto, que no sería capaz de soportar a treinta adolescentes en una clase. Este pensamiento lo mantuve unos años hasta que, ya en la universidad, empecé a impartir clases particulares de valenciano, castellano y saxofón a adolescentes que querían reforzar estas asignaturas. Fue en ese momento cuando perdí mis prejuicios sobre la enseñanza y los adolescentes, ya que me di cuenta de sus grandes capacidades de aprendizaje y de la necesidad que tenían de sentirse escuchados y comprendidos. Por otra parte, esta experiencia me sirvió para asentar los conocimientos que había adquirido durante mis estudios, pues antes de poder explicar los contenidos a mis alumnos de una manera clara tenía que entenderlos a la perfección. Y ese es otro motivo por el que quiero dedicarme a la enseñanza: sentir que soy capaz de explicar a los demás todo lo que he aprendido. Asimismo, me gustaría señalar que con las clases particulares he experimentado lo gratificante que resulta que tus alumnos mejoren sus resultados gracias a tus instrucciones. Es por eso por lo que después de cada clase me sentía feliz, motivada y llena de energía.

Finalmente, otro aspecto clave que me motivó para dedicarme a la enseñanza tuvo lugar cuando estaba en segundo de carrera, pues conocí a un profesor enamorado de la literatura que había soñado desde pequeño con ser docente. Sus clases eran diferentes: se movía por el aula al mismo tiempo que explicaba los contenidos, promovía la participación de todos los alumnos, contaba anécdotas de sus clases en el instituto, nos daba consejos relacionados con nuestro futuro y nos leía fragmentos de sus textos favoritos durante los últimos cinco minutos de clase. Nunca había visto a un profesor con tanta vocación y que disfrutara tanto impartiendo sus clases. Definitivamente, fue una inspiración para mí.

          

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ALFREDO RIPOLL-MÚSICA