viernes, 23 de octubre de 2020

El día que la vocación docente se cruzó en mi camino

 


Debo ser honesta; nunca pensé en la enseñanza como una opción para mi vida laboral. Pero uno nunca puede visualizar lo que habrá verdaderamente en su camino. Tuve y tengo una vocación hacia la que me dirigí con firmeza desde el primer minuto en el que fui consciente de que debía elegir: El periodismo. Me lancé a la aventura y, desde que pisé la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, viví para y por mi pasión. Lo convertí en mi trabajo, en un modo de vida y, cuando todo parecía estar consolidado, llegó una experiencia que cambió mi perspectiva laboral y también, la de otra profesión en la que no había reparado nunca como una posibilidad.

A decir verdad, no guardo recuerdos demasiado cautivadores de mi etapa académica. Simplemente, completé con éxito cada uno de los pasos que me condujeron hacia las aulas de la Complutense. Cada profesor apareció con su forma de enseñar, ninguno mejor y ninguno peor, pero sin dejar impronta alguna que me hiciera pensar en la docencia como opción profesional. Digamos, sin tapujos, que no recibí impacto o estímulo alguno que despertara en mi la voluntad de enseñar. Eso fue en la etapa escolar, hace ya demasiados años. Lo que vino después pertenece a otro momento vital en el que todo había adquirido una mayor intensidad y trascendencia.

Sin apenas imaginarlo, mi primera vocación me condujo a ocupar un aula de primero de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández. Alguien en el Departamento de Ciencias Sociales había concluido que una periodista debía hablar a los principiantes de cómo se desenvuelve una mujer en aquello del periodismo deportivo. Y por azares de la vida allí aparecí yo. Aquel fue el día en que otra vocación se cruzó en mi camino. Desde entonces, hace ya 13 años, no he dejado de intentar buscar la mejor fórmula para enseñar. A jóvenes -y no tan jóvenes- universitarios y también a adultos funcionarios. En muchas ocasiones, he imaginado que si pudiera volver 25 años atrás habría elegido la docencia como camino. Eso ya es imposible. Pero no lo es tratar de recomenzar ahora una nueva etapa con la misma ilusión o más que la anterior. Y quizás también con mayor consciencia.

Así que aquí estoy. Digamos que la vida me brindó el enorme privilegio de trabajar como periodista durante dos décadas y que, en ese tiempo, la docencia se cruzó para indicarme que allí se abría un nuevo sendero por el que transitar. Un antes y un después. Ahora me dispongo a caminar hacia una experiencia por descubrir.

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