Debo ser honesta; nunca pensé en la enseñanza como una
opción para mi vida laboral. Pero uno nunca puede visualizar lo que habrá
verdaderamente en su camino. Tuve y tengo una vocación hacia la que me dirigí
con firmeza desde el primer minuto en el que fui consciente de que debía
elegir: El periodismo. Me lancé a la aventura y, desde que pisé la Facultad de
Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, viví para y por mi pasión. Lo convertí en mi trabajo, en un modo de vida y, cuando todo
parecía estar consolidado, llegó una experiencia que cambió mi perspectiva laboral
y también, la de otra profesión en la que no había reparado nunca como
una posibilidad.
A decir verdad,
no guardo recuerdos
demasiado cautivadores de mi etapa académica. Simplemente, completé
con éxito cada uno de los pasos que me condujeron hacia las aulas de la
Complutense. Cada profesor apareció con su forma de enseñar, ninguno
mejor y ninguno peor, pero sin dejar impronta alguna que me hiciera pensar en la
docencia como opción profesional. Digamos, sin tapujos, que no recibí impacto o
estímulo alguno que despertara en mi la voluntad de enseñar. Eso fue en la etapa escolar, hace ya demasiados años. Lo que vino después pertenece a otro momento
vital en el que todo había adquirido una mayor intensidad y trascendencia.
Sin apenas imaginarlo, mi primera
vocación me condujo a ocupar un aula
de primero de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández. Alguien en el
Departamento de Ciencias Sociales había concluido que una periodista debía
hablar a los principiantes de cómo se desenvuelve una mujer en aquello del
periodismo deportivo. Y por azares de la vida allí aparecí yo. Aquel fue el día
en que otra vocación se cruzó en mi camino. Desde entonces, hace ya 13 años, no he dejado de intentar buscar la mejor
fórmula para enseñar. A jóvenes -y no tan jóvenes- universitarios y también a
adultos funcionarios. En muchas ocasiones, he imaginado que si pudiera volver
25 años atrás habría elegido la docencia como camino. Eso ya es imposible. Pero
no lo es tratar de recomenzar ahora una nueva etapa con la misma ilusión o más
que la anterior. Y quizás también con mayor
consciencia.
Así
que aquí estoy.
Digamos que la vida me brindó el enorme privilegio de trabajar como periodista durante dos décadas
y que, en ese tiempo,
la docencia se cruzó para
indicarme que allí se abría un nuevo sendero por el que transitar. Un antes
y un después. Ahora me dispongo a caminar hacia una experiencia por descubrir.

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